Como espacio creado a través de la propia acción, es esencial para la sociedad civil estar permanentemente activa en una multiplicidad de frentes.

En las mismas acciones y como resultado de sus experiencias, las personas, las comunidades, los grupos y las organizaciones se afirman y se apropian de las capacidades e instrumentos para la conquista y defensa de su inclusión y de sus derechos.

Las acciones de la sociedad civil no tienen lugar definido ni figura determinada, ni están sujetas a los condicionamientos de intereses particulares o específicos, sin importar de donde provengan, ni a perspectivas que uniformen o pretendan su homogeneidad.

Constituye su dinámica un movimiento constante, acucioso y persistente que contribuye a generar ideas, conocimientos, nuevas formas de acción, relaciones, apoyos y procesos de combinación de esfuerzos con los cuales llegar a quienes deben escuchar, desafiar los obstáculos y promover los cambios que mejoren la vida de los ciudadanos y de la sociedad en general.