Los Derechos Humanos (DDHH) son inherentes a la persona humana.

Derivados del atributo superior, intrínseco y permanente de la dignidad, corresponde su disfrute, ejercicio y realización plena a todos los seres humanos por el sólo hecho de serlo, más allá de las leyes y de las fronteras, haciéndoles libres del temor, el menosprecio, las privaciones, la violencia y la opresión.

A diferencia de los derechos jurídicos, los DDHH no son concedidos ni otorgados por la sociedad o el Estado, tampoco creados por leyes, decisiones o acuerdos.

Basta su afirmación y ejercicio para hacerlos valer ante Estados y sociedades, debiendo ser reconocidos y cumplidos en toda circunstancia, aun cuando los contextos tengan mucho que ver con sus avances.

Los DDHH se encuentran reconocidos en el derecho internacional como libertades y capacidades inviolables y exigibles ante el Estado y a través de sus instituciones.

A lo largo del tiempo, se han transformado en estándares normativos que permiten verificar su cumplimiento en todas partes del mundo.

Su plena vigencia requiere de esfuerzos continuos, constantes y progresivos en la creación y mantenimiento de un orden jurídico, institucional y político internacional en el que todos los Estados adopten de manera común estándares de reconocimiento, respeto y protección eficaz de cada derecho en sus jurisdicciones nacionales, garantizando su realización efectiva sin discriminación alguna y facilitando la más amplia participación plural y democrática de todas las personas en todos los asuntos relacionados con su cumplimiento.