En el año 2000, la Alta Comisionada de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos, afirmó:

“…cada momento que se dedica a debatir la universalidad de los derechos humanos es otra oportunidad perdida para lograr la aplicación efectiva de todos los derechos humanos. La universalidad es, de hecho, la esencia de los derechos humanos: todos los pueblos son sus titulares”.

Conforme a las Naciones Unidas, la universalidad es piedra angular de los DDHH y significa:

  1. El reconocimiento, ejercicio y goce de todos los DDHH por parte de todos y cada uno de los seres humanos, a través de todas las fronteras, sin distinción alguna.
  2. La adopción de un concepto universal de los DDHH para asegurar su pleno cumplimiento en cualquier lugar del mundo, transversal a todos los instrumentos de DDHH que los Estados tienen obligación de cumplir y de los cuales son responsables ante sus nacionales y los demás países.
  3. La existencia de un sistema de protección universal para la protección de los DDHH, ante el cual los Estados consienten libremente ser sometidos al escrutinio y concuerdan cumplir sus observaciones o recomendaciones.

Si bien la universalidad es una característica básica de los DDHH sin la cual se les vaciaría totalmente de contenido, persisten visiones basadas en el relativismo cultural, ideologías emancipadoras de los pueblos y creencias pesimistas de la humanidad que obedecen al control de poderes autoritarios.

Estas visiones pueden enmarcarse bajo el nombre de teorías revisionistas de los DDHH, las cuales generalmente atribuyen falsos significados a la universalidad no expresados en las normas internacionales de DDHH. En este sentido, es relevante saber lo que no es la universalidad de los DDHH:

No es homogeneidad

Como lo expresa la Declaración Universal sobre la Diversidad Cultural de la Unesco, la universalidad comprende todas las diversidades y opciones de vida. Ninguna cultura, pueblo o sociedad es superior a otra. La universalidad se refiere al valor de cada persona en sí misma y de sus propias decisiones, siempre que no impliquen afectación a los derechos de otras personas. Los DDHH no pueden someterse a decisiones plebiscitarias.

No es individualista

La universalidad no separa a las personas en individuos aislados, ni propugna la superioridad de lo individual sobre lo colectivo. Es de por sí respetuosa de cada vida, inclusiva de toda singularidad y abierta a nuevos derechos que permitan una más efectiva protección de todas las personas. A través de la universalidad, los movimientos de DDHH han orientado sus luchas para impedir la discriminación, la exclusión y las desigualdades sociales.

No es sometimiento

Los DDHH no están sometidos a ninguna autoridad nacional o supranacional. Sin embargo, la soberanía o la autodeterminación de los pueblos no es excusa para desconocer la universalidad de los DDHH. Si así fuera, se negaría justamente a cada pueblo la libertad e igualdad para ser sujetos de su propia cultura, proyecto y destino, y significaría que las personas nacen subordinadas o son instrumentos de los fines del poder de las tradiciones o de las ideas y creencias autorizadas en sus países.

No es idealización

La universalidad de los DDHH obedece a realidades concretas de temor, miseria, tiranía, opresión, desigualdad, discriminación y violencia que han causado y siguen causando sufrimiento, devastación y degradación humana. Frente a estas realidades, la universalidad configura una meta constante, permanente y contundente para proteger los DDHH de todas las personas en todos los sistemas económicos, sociales, políticos o culturales que no permitan a todas las personas ser libres e iguales en sus derechos.